lunes, 30 de octubre de 2017

Zombis reales [Especial Halloween]

En esta época del año, en la que cada vez en más sitios se celebra Halloween, no es raro encontrarnos por la calle a multitud de niños, y no tan niños, disfrazados de zombis, uno de los personajes ficticios de terror más populares en los últimos tiempos.

Los zombis son la representación de cadáveres que han resucitado o han vuelto a la vida. El origen de estos personajes tenemos que buscarlo en el culto vudú, donde mediante métodos mágicos o químicos se supone que un hechicero puede resucitar a un muerto que queda con la voluntad anulada y sometido a la persona que lo ha devuelto a la vida. A partir de aquí la mitología zombi se ha ampliado a una serie de cuestiones que asumimos cuando los vemos protagonizando una historia, como que si te muerde un zombi te conviertes en otro, que comen cerebros, que no suelen hablar y se mueven por instintos, que se van pudriendo poco a poco, o que la condición zombi puede transmitirse o ser provocada por un virus. También está muy difundida la diferencia entre zombis lentos, más clásicos, y zombis rápidos, más modernos.






Hay grandes películas de culto sobre zombis, como las de George A. Romero, o más modernas como Guerra mundial Z; series centradas en estos personajes como iZombie o The walking dead; también personajes similares a zombis que toman protagonismo en series que no son de esta temática, como los Caminantes blancos y los espectros de Juego de tronos; en los dibujos animados, sobre todo en el anime japonés, también aparecen zombis por doquier,  como por ejemplo en capítulos especiales de los Simpson, South Park, Hora de aventuras, o The highschool of the dead. Los videojuegos son otro medio rico en zombis, con ejemplos muy conocidos como Resident evil o Plantas vs Zombis. Evidentemente todos estos medios trascienden de unos a otros, como por ejemplo los zombis de The walking dead que empezaron en una serie de cómics para pasar a televisión; los caminantes blancos que salieron de los libros de Canción de hielo y fuego; y los zombis de Resident evil que han pasado de los videojuegos al cine. 

1. Zombis de George A. Romero. 2. Zombis de Guerra civil Z. 3. iZombie. 4. Zombis de The walking dead.
4. Espectros de Juego de tronos. 5. Plants vs Zombies. 6. Resident evil. 7. Highschool of the dead.

Pero no vamos a hablar hoy de ninguno de ellos en particular, sino que, como ya hiciéramos el año pasado con los vampiros, vamos a conocer a zombis, y a "hacedores de zombis" del mundo real, de los que conviven con nosotros en nuestro planeta. Ya veréis como en algunos casos, estos pueden llegar a ser tan terroríficos y peligrosos como los zombis del cine, los videojuegos o la televisión.

#1. HONGOS:

Los hongos de los géneros Ophiocordyceps y Cordyceps, donde se engloban unas 400 especies entomatógenas, es decir, que crecen sobre insectos, alimentándose de ellos, acogen a los primeros "hacedores de zombis" de los que hablaremos en este post. Entre las especies más conocidas de este género, se encuentran algunos hongos que inducen un comportamiento zombi en los insectos a los que parasitan, como por ejemplo Cordyceps unilateralis, que es capaz de manipular el comportamiento de las hormigas a las que infecta, o Cordyceps sinensis que ataca a larvas de lepidópteros modificando también su comportamiento habitual. Ambos hongos infectan los centros nerviosos de los animales provocando la alteración de sus conductas. En el caso del primero, C. unilateralis, induce el comportamiento zombi de hormigas de la tribu Camponotini, un grupo ecológicamente muy diverso que está distribuido en todas las regiones del mundo. Lo que hace es que provoca el desplazamiento de la hormiga hasta hacerlas subir a la parte más alta de una planta, donde éstas se enganchan a una hoja mediante sus mandíbulas. Allí el hongo termina de matar a la hormiga y sigue creciendo en el interior de su cuerpo, hasta que produce un cuerpo fructífero que sobresale del cadáver de la hormiga, asegurándose de que las esporas que produce mediante esta estructura, se distribuyan de forma más efectiva. Es bastante impresionante ver a una hormiga caminar totalmente zombificada, una vez que es infectada por el hongo. Yo diría que incluso es mas acongojante que ver el andar bamboleante de un zombi de película. Los mecanismos mediante los que provoca estos cambios de conducta se desconocen actualmente.

Hormiga zombi. Fuente

Y si los zombis nos retrotraen a tiempos más antiguos donde la superstición y la brujería campaban a sus anchas, y los ritos vudú eran los métodos usados para crear a estos monstruos, creo que es digno reconocer que la naturaleza nos gana por goleada a los humanos "creando zombis". Recientemente, un equipo de científicos de la Universidad de Exeter ha descubierto la presencia de estos hongos parasitoides en un fósil de 48 millones de años, concretamente en una hoja fosilizada encontrada en Alemania, en la que se pueden observar  29 marcas de mordiscos similares a las que dejan hoy en día las hormigas infectadas por estos hongo zombificadores.

Hoja fósil. Fuente

Otro ejemplo de hongo que es capaz de crear algo parecido a una condición zombi es Pleistophora mulleri que convierte a sus hospedadores, los camarones de la especie Gammarus duebeni, en terribles caníbales. El acto de comer a miembros de una misma especie está presente en muchos organismos de nuestro planeta, incluso en algunos humanos, pero la presencia de este parásito en los camarones, aumenta su voracidad a tal nivel, que hace que los crustáceos coman dos veces más ejemplares de su propia comunidad.

Gammarus duebeni. Fuente

Esta conducta devoradora de los camarones infectados es el resultado de la proliferación del hongo en los músculos de los crustáceos. Todos los hongos del interior del camarón parasitado dependen de la nutrición del propio huésped, y su debilidad provoca que este empiece a actuar como un zombi sin control en busca de alimento, encontrando fácil comerse a los individuos jóvenes de su propia especie.

#2. PROTOZOOS:

También nos encontramos organismos que podríamos relacionar con los zombis en el mundo de los protozoos. Atendamos por ejemplo a Toxoplasma gondii, una especie de protozoo parásito causante de la toxoplasmosis, que es en general una enfermedad leve, pero que puede complicarse en ciertas situaciones. Los gatos y otros felinos son considerados como los hospedadores definitivos de este parásito, ya que en ellos tiene lugar la fase sexuada de su ciclo de vida. 



Toxoplasma gondii. Fuente

¿Pero qué tiene que ver esto con los zombis? Pues es bien conocida la agresividad de estos monstruos en el cine o la televisión, y cuando se mueven en grupo y huelen, ven o encuentran a algún humano descarriado, su violencia aumenta hasta alcanzar el objetivo de capturarlo y desmembrarlo, para alimentarse de su cerebro, o de otras partes del cuerpo, o, peor aún, para morderlos y transformarlos en más zombis que aumentan su jauría. Para empezar estos protozoos también se alimentan de cerebros, y además, es posible que haya una relación directa entre el aumento de la agresividad de las personas infectadas. Vayamos por parte.

Una horda de zombis. Fuente

El ciclo de vida del Toxoplasma gondii consta de dos fases. La fase sexual, que ocurre solo en miembros de la familia Felidae (felinos, como los gatos), mientras que la fase asexual puede ocurrir en cualquier mamífero o ave. En los hospedadores intermediarios, como por ejemplo los humanos o los ratones, los parásitos invaden células, formando un compartimento llamado vacuola parasitófora, que contienen bradizoitos, la forma de replicación lenta del parásito. Las vacuolas forman quistes en especial en los músculos y el cerebro, y estos quistes tienen la capacidad de pasar desapercibidos para el sistema inmune, que no los detecta por encontrarse dentro de las células. Los cerebros afectados aumentan la producción de dopamina, que en los ratones provoca que pierdan el miedo a los gatos, y por lo tanto sean más fácilmente capturados y comidos por estos, cerrando el ciclo del parásito. En los humanos ocurre igual, pero no podemos ser comidos por los gatos, por lo que la producción de dopamina provoca múltiples efectos en nosotros que pueden resultar alarmantes a la vez que fascinantes: aumento del apetito sexual, esquizofrenia, autodestrucción, aumento de la autoconfianza y de la agresividad, desorden bipolar, tendencias suicidas... La manipulación a la que nos somete el parasito no es precisamente leve.

Agresividad... Fuente

Las formas que tiene el parásito de llegar a los humanos incluye el consumo de carnes contaminadas crudas o poco cocidas, ingestión accidental de quistes por contacto con gatos, o agua o tierra contaminada por sus heces; y también por la transmisión en el útero de madre a feto si la progenitora contrae la enfermedad por primera vez durante el embarazo. Es bastante conocida la recomendación de no comer jamón en mujeres embarazadas.


Ciclo de vida de Toxoplasma gondii. Fuente

Aunque no hay consenso sobre la relación directa de la infección con la agresividad, ciertos estudios muestran que existe relación con episodios recurrentes de ira extrema e impulsiva que pueden aumentar hasta al doble de la frecuencia normal. De esta manera la infección se asocia con el llamado desorden explosivo intermitente (DEI). Pensemos que solo en Estados Unidos existen unas 60000 personas infectadas por Toxoplasma gondii, que podrían tener arrebatos de agresividad debido a él. ¿No recuerda a los relatos sobre el inicio de un apocalipsis zombi...?


Agresividad. Fuente



También hay parásitos que inducen al huésped a protegerlos mientras estén en su interior. Y el ejemplo que veremos corresponde a otro protozoo, Plasmodium falciparum. Este protozoo, causante de la enfermedad de la malaria en humanos, pasa las primeras fases de su vida en el interior de un mosquito, normalmente del género Anopheles. El hecho de que los mosquitos se alimenten de sangre es un riesgo para el parásito al igual que para el mosquito, puesto que cualquier mano humana puede aplastarlo, acabando con ambos, por lo que, mientras el protozoo está dentro del mosquito, hace que éste pierda un poco de apetencia por la sangre, y así evita el peligro


Ciclo de vida de Plasmodium falciparum. Fuente

Pero todo cambia en cuanto el Plasmodium ha madurado y está listo para entrar en su huésped definitivo, el humano. Lo que ocurre entonces es que ahora manipula la conducta del mosquito en sentido contrario, haciendo que tenga una mayor apetencia por la sangre, buscando mas humanos cada noche y picando sin cesar. Este mosquito-zombi ya no teme morir aplastado, porque probablemente cuando esto ocurra, su parasito ya habrá pasado al interior del humano.


Mosquito Anopheles. Fuente


#3. GUSANOS:

Los nematomorfos o gordiáceos son un filo de gusanos cilíndricos que reciben su nombre por su parecido con los nematodos. Su tamaño es variable, midiendo en general unos 5 cm de longitud, pero llegando a alcanzar tamaños de hasta un metro de longitud. Su grosor es de unos 3 mm. Pueden ser de dos tipos, parásitos de crustáceos y parásitos de insectos.

Nematomorfo o gordiáceo. Fuente

Entre los parásitos de insectos nos encontramos algunos géneros como Gordius o Chordotes, que suelen vivir en medios acuosos, donde pueden confundirse con cabellos, llegando a recibir el nombre de pelos de caballo. El nombre del grupo, gordiáceos, proviene de que algunos, debido a su longitud, suelen enrollarse, recordando al conocido nudo gordiano. Esta expresión hace referencia a la dificultad que presenta algo para ser resuelto. Cuando se encuentran soluciones creativas se habla de cortar el nudo gordiano, con el significado de resolver el problema. La expresión se originó en una leyenda griega, según la cual los habitantes de Frigia, en la actual Turquia, necesitaban elegir rey y tras consultar al oráculo éste les dijo que eligieran a quien entrase por la puerta del Este de la ciudad. El que entró fue Gordias, un labrador cuya única riqueza era un carro y sus bueyes. Cuando fue elegido rey, fundó la ciudad de Gordio, y en señal de agradecimiento ofreció su carro al templo de Zeus, pero antes ató su lanza y el yugo con un nudo cuyos cabos se escondían en el interior, para que nadie pudiera desatarlos.

Desatando el nudo gordiano. Fuente

Estos gusanos entran al interior de los animales a los que parasitan y comienzan a alimentarse en su interior. Conforme van creciendo, deben cubrir más necesidades y van necesitando más espacio. De esta manera, el huésped se hincha y el parásito comienza cambiar su comportamiento. Uno de los modos de control que ejercen ocurren cuando afectan a ganglios nerviosos o a centros productores de hormonas, que modifican los hábitos de insectos como los grillos o las mantis provocándoles unas tendencias suicidas, que van desde volverse blanco fácil para sus depredadores habituales o buscar una masa de agua a la que lanzarse. En el primer caso el insecto muere y el nematomorfo pasa a un nuevo huésped, el ave o el animal que se lo haya comido, mientras que en el segundo, el insecto muere ahogado y el gusano se libera del cuerpo en el medio acuático, donde se mueve con soltura para reproducirse o buscar otra víctima. No se sabe con certeza si este cambio en el comportamiento se debe a la acción hormonal o bien porque induzcan la desecación del animal y aumenten así la necesidad de este de acercarse al agua. En cualquier caso, el objetivo es que los huevos queden depositados en el interior de una víctima, en su hemocele, donde eclosionarán y las larvas tendrán alimento suficiente para crecer, liberarse y poder nadar libremente. En este caso los zombis son grillos o mantis, y los vídeos que circulan por Internet son tan espeluznantes como una buena película de zombis.

Nematomorfo saliendo de una mantis. Fuente

Otro ejemplo de gusanos capaces de convertir a sus víctimas en zombis es Leucochloridium paradoxum, un gusano plano del tipo platelmintos, que es capaz de instalarse en los tentáculos de ciertas especies de caracol. Su objetivo es suplantar a estos tentáculos y usar su coloración llamativa y sus destellos para atraer a los depredadores naturales de los caracoles, normalmente aves, para que estas se coman al caracol, que actúa como huésped intermedio. Una vez que el ave devora al caracol, el parásito pasa al interior de ésta. Los huevos del gusano serán expulsados junto con las heces del ave, facilitando la diseminación de éstos. Un nuevo caso de lo terribles que pueden ser estos animales zombificadores, que modifican las conductas o el aspecto físico de otros para que terminen muertos o devorados, totalmente en contra de su voluntad.

Leucochloridium paradoxum sustituyendo el tentáculo izquierdo de un caracol. Fuente

Otra pareja de este tipo la forman Myrmeconema neotropicum, una hormiga arbórea, y Cephalotes atratus, un gusano nematodo. Esta especie de hormiga dedica gran parte de su vida a recoger los excrementos de ave que recolectan afanosamente para poder alimentar a sus larvas. Pero a veces en estos excrementos se encuentra el nematodo parásito Myrmeconema neotropicum. Una vez en el interior de la hormiga, el gusano hace que el abdomen de su víctima adquiera un color rojo intenso, de modo que parezca una baya madura, muy atractiva para las aves. Pero estamos hablando de zombis, no de modificaciones de aspecto, y otra de las consecuencias de la infección de este gusano es que la hormiga camina con el abdomen elevado, paseándose contra su voluntad de forma que parece que está intentando atraer la atención de las aves que no dudarán en devorar a estas hormigas zombificadas que se pavonean mostrando su abdomen colorado, como diciendo: ¡Cómeme! ¡Soy una baya! 


Myrmeconema neotropicum infestada por Cephalotes atratus. Fuente

Algo parecido ocurre con otros gusanos platelmintos trematodos, Euhaplorchis californiensis, parásitos de unos peces conocidos como killis (Killifish en inglés), cuyo nombre científico es Fundulus parvipinnis, del grupo de los ciprinodontiformes. Estos no suelen acercarse a la superficie del agua para no ser presa de aves limícolas, pero cuando están infestados por el platelminto, pasan más tiempo cerca de la superficie, e incluso a veces se giran, de tal forma que sus vientres plateados reflejen destellos de luz. De esta manera, los killis infestados tienen muchas más posibilidades de ser devorados por aves que los sanos, debido a esta extraña conducta inducida por el gusano. No es casualidad que el platelminto zombificador necesite llegar a los intestinos de las aves, donde tendrá lugar su maduración y su reproducción. Muy similar también es el mecanismo que usa el gusano acantocéfalo Pseudocorynosoma constrictum cuando parasita al anfípodo Hyalella azteca.

Euhaplorchis californiensis en el cerebro de Fundulus parvipinnis. Fuente

Una de las condiciones más reconocibles en los zombis de ficción es su aspecto físico, putrefacto y deforme. La descomposición de la carne, la falta de partes del cuerpo y de extremidades, o la falta de sensibilidad en la totalidad del cuerpo del zombi son parte de la leyenda en torno a estos cadáveres vueltos a la vida que hemos integrado en nuestra cultura popular. No es exactamente lo mismo, pero lo que hace el gusano platelminto Ribeiroia ondatrae, a los anfibios conocidos como ranas toro, puede ser parecido. El gusano se reproduce asexualmente dentro de un caracol, pero estas larvas salen del primer huesped en busca de un segundo, los renacuajos de rana toro, a los que perforan la piel para enquistarse en sus extremidades en desarrollo. Esto tiene como consecuencia que las ranas que se surgen a partir de estos renacuajos infestados hayan desarrollado patas supernumerarias, ausentes o con terribles malformaciones. De esta manera, con aspecto de zombi contrahecho, la víctima se vuelve ahora presa fácil para las aves que comen ranas, como las garzas. En el interior del ave, el parásito puede reproducirse sexualmente, volviendo sus huevos al agua, junto con las heces del pájaro. Cuando las larvas se introducen en caracoles, se inicia de nuevo el ciclo.

Rana toro zombi. Fuente


#4. AVISPAS:

Quizás donde haya más ejemplos de animales capaces de crear la condición zombi en otros sea en el grupo de los insectos himenópteros, concretamente entre las avispas. Escogeremos algunos casos llamativos para ilustrar el comportamiento de estos verdaderos controladores y manipuladores.

Un buen ejemplo lo encontramos en la avispa Hymenoepimecis argyraphaga, que es capaz de zombificar y por supuesto torturar a algunas especies de arañas, como Leucauge argyra. Lo primero que hace el insecto es paralizar al arácnido cuando le clava su aguijón, para que esté inmóvil mientras introduce su huevo en su interior. Después, una pequeña larva saldrá de ese huevo, la cual se fijará en el abdomen de la araña y se alimentará de sus fluidos internos durante una o dos semanas. Llegado el momento de formar la pupa, la araña destruye su telaraña y teje una estructura formada por unos hilos gruesos que convergen en el centro, tras lo cual la larva termina de alimentarse de la araña, dejándola hueca en muchos casos. Después ya puede formar el capullo que colgará del centro de esos hilos, protegido de otros depredadores. El tiempo que pasa la araña como zombi obediente es poco, pero de nuevo encontramos otra historia de animales mucho más terrorífica que las que inventamos los humanos.

La avispa zombificando a la araña. Fuente

Continuamos con estos himenópteros con el ejemplo de los siniestros ataques de la avispa esmeralda, Ampulex compressa, una avispa que pica a una cucaracha, por ejemplo de la especie Periplaneta americana, y la transforma en un zombi sumiso. La víctima, drogada y aturdida, es llevada al interior del nido de la avispa, que la arrastra cogiéndola por sus antenas, tras lo cual la cucaracha se deja llevar como si fuera un perro atado por su correa. La cucaracha tiene plena capacidad para moverse, pero no lo hace si no es inducida por la avispa. Tras llevarla a su nido, la avispa pone un huevo en la parte inferior de la cucaracha y ésta se limita a quedarse inmóvil. Una vez la larva eclosiona del huevo se introduce en el abdomen del esclavo zombi para alimentarse de los ricos manjares de su interior.

Ampulex compressa atacando a una cucaracha. Fuente

El control de la voluntad de la cucaracha por parte de la avispa se debe a que cuando inyecta su veneno lo hace con mucho cuidado, acertando en los centros nerviosos del insecto encargados del movimiento. Los neurotransmisores que introduce la avispa controlan a las neuronas de la cucaracha, actuando como fármacos psicoactivos, acallando la actividad neuronal normal que haría que la cucaracha saliera huyendo. Las últimas investigaciones con la avispa esmeralda están intentando hallar cual de todos los componentes del cóctel de sustancias químicas que inyecta es la encargada de inducir esta conducta anómala en las cucarachas. Estamos ante un claro ejemplo de zombificación usando sustancias químicas que deja en pañales a cualquier rito vudú que use drogas para conseguir este estado de anulación de la conciencia.

La espectacularmente bella y letal Ampulex compressa. Fuente

Es muy habitual en algunos insectos zombificados hacer de guardianes de las pupas, larvas o huevos de su parásito. Veamos el ejemplo de la mariposa de la col, Pieris brasicae, cuyas larvas pueden ser atacadas por una avispa parasitoide, Cotesia glomerata, que inyecta en la oruga decenas de huevos. Las larvas eclosionan en su interior, se alimentan de los fluidos de la larva, crecen, y paralizan a su víctima. Entonces salen al exterior y tejen capullos bajo el cuerpo de la larva esclavizada. Esta, en un estado de sumisión total comienza a superar su parálisis, pero no abandona el lugar, sino que se queda vigilando a la progenie de la avispa, usando movimientos muy violentos y espasmódicos para ahuyentar a posibles depredadores de los pequeños himenópteros. Estamos ante el caso de un implacable guardián zombi. Otro caso muy similar de oruga zombi guardaespaldas lo producen las avispas del género Glyptapanteles.

Orugas zombis. Fuente


Terminamos con el parásito Dinocampus coccinellae, una avispa bracónida que pone sus huevos en el estómago de coleópteros coccinélidos, es decir mariquitas. El objetivo es que sus larvas cuando nazcan, se alimenten de los órganos internos de los insectos con puntos, usando el interior del cuerpo como su refugio, hasta que, pasado aproximadamente un mes, las larvas emerjan del cuerpo del insecto parasitado. Como si no fuera suficiente todo el suplicio que ha tenido que pasar la mariquita, al ser literalmente devorada viva por una pequeña larva hambrienta, resulta que su finalidad ahora pasa a ser proteger la pupa que habrá formado la larva de la avispa al salir al exterior. Literalmente se ha convertido en un zombi guardián, como en el ejemplo anterior, cuyo único propósito es proteger a su huésped de cualquier enemigo que se le acerque, hasta que se convierta en un adulto que estará listo para buscar una nueva mariquita a la que parasitar.

Mariquita guardiana zombi. Fuente

El mecanismo que hace que la mariquita no escape una vez que la larga sale de su cuerpo, se piensa que está relacionado con un virus del genero Iflavirus (emparentado con el virus causante de la poliomielitis). Este virus ingresa cuando la avispa madre deposita un huevo en la mariquita, pero no activa este comportamiento protector hasta que la larva emerge del cuerpo. El misterio de esto podría encontrarse en el sistema inmune del coccinélido, que sin quererlo activa al virus cuando la larva sale al exterior. Entonces el virus paraliza a la mariquita sobre el individuo, que empieza a formar la pupa, y lo obliga a protegerlo y cuidarlo, convirtiéndolo en el más fiel guardián. Pero lo peor de todo creo que es que algunas puede sobrevivir a tan horrible experiencia.

En el ejemplo anterior vemos a la avispa como la marionetista que maneja los hilos de la mariquita, que sería la marioneta, pero al haber un virus implicado en ello es posible que éste sea el verdadero marionetista zombificador, que usa a la avispa para hacerse con el control de la mariquita, porque también tenemos otros ejemplos terroríficos de virus que ejercen un control total sobre sus víctimas. Veamos algunos:

#5. VIRUS.

Los baculovirus son un tipo de virus que infestan a las orugas de la polilla gitana, Limantria dispar, y otras especies de polillas y mariposas. El virus invade las células del huésped y las obliga a crear nuevos baculovirus, hasta ahí nada diferente a lo que hacen otros virus, es más la oruga sigue si ritmo debida en una aparente normalidad, alimentándose de hojas como si tal cosa. Pero cuando el virus está preparado para abandonar a su huesped, provoca un cambio radical en su comportamiento, haciendo que se vuelva más voraz de lo normal, y produciendo en ella una actividad frenética. La oruga, descontrolada, comienza a subir por el árbol, y en vez de mantenerse en zonas más ocultas, a salvo de los depredadores, sube a lo más alto para comer en el haz de las hojas o en la corteza del árbol. Si sobrevive a esta exposición, es el propio virus el encargado de matar a su zombi, usando los genes para codificar enzimas que hay en su código genético. Esta cascada enzimática disuelve literalmente al animal hasta convertirlo en un líquido viscoso que chorrea desde lo alto del árbol, como una infernal lluvia zombi que caerá sobre las hojas más bajas, donde las copias del virus serán ingeridas por nuevas orugas, inocentes del terrible destino que les espera... Se conoce incluso el gen concreto del virus que produce la modificación de la conducta para que las orugas trepen a lo más alto, el llamado Egt. Es fascinante, a la par que espeluznante, que un solo gen sea capaz de provocar esto, y son pocos los parásitos que lo hacen con tan poco material genético, necesitando en general un buen número de genes para poder producir cambios tan grandes y poder controlar a sus víctimas.

Oruga zombi "desintegrada" por baculovirus y oruga en riesgo de infestarse. Fuente


#6. MOSCAS Y OTROS INSECTOS

Las moscas son insectos dípteros, y algunas de ellas también son parasitoides como las avispas comentadas anteriormente. La mosca Apocephalus borealis, llamada a veces "mosca decapitadora", de ahí su nombre científico, es una especie norteamericana que parasita a abejorros, abejas y avispas. Las hembras depositan sus huevos en el abdomen de las abejas, desarrollándose a partir de ellos hasta unas 12 larvas, que se mueven por el interior de su hospedador atacando principalmente al cerebro de estos insectos. Las consecuencias son desorientación y comportamientos inusuales. De esta manera, como si fueran zombis sin control, que han perdido cualquier atisbo de comportamientos normales, estos himenópteros afectados pueden volar por la noche lejos de la colmena o el nido, o simplemente volar en círculos o sin ningún control. Esta conducta suelen terminar con la muerte del huésped y por extensión con el aumento de las probabilidades de supervivencia y propagación de las moscas decapitadoras que emergen de la cabeza y el tórax del himenóptero muerto.

Larvas de Apocephalus borealis emergiendo de la cabeza de una abeja. Fuente

Hablamos ahora de uno de los animales considerados como una de las especies más raras del mundo. Se trata de los insectos del orden de los estrepsípteros, unas criaturas diminutas, parásitos de otros insectos. Los machos son voladores y cuentan con ojos enormes pero apenas viven unas pocas horas, que tienen que dedicar a buscar a alguna hembra que fecundar. Las hembras son individuos sin patas, sin alas y sin ojos, que actúan como endoparásitos de otros insectos como abejas, moscas, mantis religiosas... Los parásitos una vez dentro de sus hospedadores se dirigen a la cabeza donde se abren paso para respirar y expulsar feromonas para atraer al macho, además de zombificar a su víctima dejándola viva pero inmóvil, a la espera de un macho que fecunde a la hembra. Esto se puede prolongar durante unas dos semanas, en las que el animal seguirá vivo, pero totalmente anulado. Las crías nacen en el interior del huésped y son vomitadas literalmente por este en las flores, hojas u otras partes vegetales, donde quedarán a la espera de introducirse en otros anfritriones, cuyo comportamiento volverán a modificar.

Estrepsípteros copulando en el abdomen de un himenóptero. Fuente


#7. AVES

Y terminaremos este repaso por los zombis de la naturaleza con un homenaje al gusto por comer cerebros que tienen los zombis de la ficción, y para ello tenemos que irnos al mundo de las aves. Y no penséis en buitres, córvidos u otros carroñeros, sino en pajarillos más adorables, puesto que nuestro siguiente protagonista es el carbonero, Parus major, un bonito paseriforme de coloración amarillo verdosa y cabeza negra y blanca. Resulta que este simpático pajarillo es un ave bastante agresiva, y además, un ávido comedor de cerebros. A los carboneros les encantan los cerebros, sí, los cerebros de otros pájaros. Además, la forma en la que los obtienen puede resultar de lo más aterradora, ya que no necesariamente mata a su víctima para alimentarse de su cerebro, y es bastante habitual que aún sigan vivos cuando el carbonero comienza a engullir las blandas porciones de cerebro calentito... Sus víctimas normalmente son pollos o juveniles de herrerillos, gorriones, agateadores y otros pájaros de tamaño pequeño, e incluso también murciélagos que hibernan tranquilamente. ¿Qué no lo creéis? Hay vídeos que lo documentan y estudios para intentar explicar este comportamiento, que por otra parte no es tan difícil de justificar, puesto que los cerebros son ricos en grasas, que vienen muy bien en época de escasez de las grasas de origen vegetal.

Parus major atacando a un gorrión. Fuente

Parus major comiéndose al gorrión que acaba de matar. Fuente

Y llegamos al final de este repaso sobre estos seres terribles y horripilantes, o no tanto, es más, podríamos decir que muchos de ellos pueden ser unos muy buenos aliados nuestros. Por ejemplo las moscas y las avispas parasitoides, dos grupos en los que hay muchas especies que son usadas en la lucha y el control biológico, ya que son muy efectivos contra otros seres que son plaga de nuestros cultivos. Quizás los zombis animales no sean tan malos después de todo, y a pesar de lo mucho que nos asustan estos seres, aprender a usarlos en nuestro beneficio puede ser la clave para sobrevivir a un apocalipsis zombi. Olivia Moore de iZombie, a pesar de que sigue alimentándose de cerebros es de naturaleza bondadosa y trabaja ayudando en el departamento forense de Seattle; Michonne, de The Walking Dead, usa a dos caminantes, a los que conoce muy bien, y a los que les ha cortado los brazos y las mandíbulas, como guardaespaldas; y R, de Memorias de un zombie adolescente consigue revertir su condición zombie a fuerza de querer y proteger a la chica humana de la que se enamora. Puede que aún haya esperanzas para la especie humana.

Zombis buenos. Fuente

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Referencias:

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